Los nudos cuánticos del Quipu: ¿De qué color es el bazo?

Historias al atardecer Por Sarko Medina Hinojosa

Se tenían que encontrar en el Parque Mayta Cápac.

—¿Eres Kamikaze? —le dijo a un hombre que estaba parado con una polera negra adornada con kanjis blancos. Reconoció la serie, era sobre unos gigantes que canibalizaban todo a su paso. 

—Sí, pero vamos caminando, somos dos patas que se encuentran. Invítame unas caparinas pues, allí sin roche te paso el USB.

Antes de ingresar los rociaron con la mezcla oficial de amonio cuaternario y agua, les tomaron la temperatura en el cuello, pisaron el pediluvio y les echaron alcohol de 86 grados en las manos. 

Las mesas estaban separadas al medio por una plancha transparente de policarbonato. Les sirvieron los platos. Acordaron no hablar a gritos sino por mensajes.

—¿Oye estás seguro que encontraste el pack de la chica?

—Te dije que sí, fuiste muy específico.

—Es que la taso, pero no pensé que tenía pack.

—Video incluido.

—Bueno, no importa, al final de cuentas el suertudo seguro que no es uno que conozca.

—A menos que me hayas visto calato.

—¿Tú?, pensé que me dijiste que otro te pasó las fotos y el video. 

—No te tenía confianza. Después que me pasaste tu pack con esa chica como que te tengo confianza. Amiguito, es un error no pixelear las caras de los hombres, no se te olvide.

—Se me pasó. Bueno, pero cuenta ¿Qué tal estuvo?

—Nada fuera de lo común, ni siquiera me demoré, lo justo para sacar las fotos, filmar y listo. Ya vas a verlo tú o quieres que te lo dibuje, ja, ja, ja. 

—Está bien te entiendo. Bueno, pasa el USB.

—Primero yapeame.

Hecha la transacción, por debajo de la mesa el vestido con polera negra le pasa un dispositivo de memoria que rápido instala en una tablet.

—¡Oye huevón!, aquí no vas a ver eso.

—Solo quiero confirmar el material.

Cuando ve la primera foto no tiene duda.

—Esto merece unas cervezas.

—Si quieres.

Mario pide cuatro botellas marrones, dos para su lado y dos para su acompañante.

Pasan las horas, ya no hablan por el Whatsapp. Tampoco están en donde “Las Morenas”, sino en un bar cerca del mercado de la plaza “San Antonio”.

En los últimos meses, ante el avance de la tercera ola, miles quedaron sin empleo. En la segunda murieron alrededor de noventa mil peruanos. Miles de padres se asustaron y mantuvieron a sus hijos casas, luego, bajado el impacto, volvieron a los colegios, institutos y universidades desde marzo. El contagio seguía insostenible y de nuevo los sistemas de salud estaban colapsados. 

Eso recordaba Mario, mientras bebía su octava botella de cerveza. Había practicado en su casa cómo resistir una borrachera. Había cumplido 18 años el mes pasado así que podía salir y tomar.

—Oye deberíamos ir a chupar a otro lado, aquí roban en la noche.

—Vamos a mi cuarto —respondió el encapuchado.

—Vamos.

El cuarto del hombre apestaba a medias sucias. Había ropa tirada por doquier, pero resaltaba la silla de gamer y una computadora con tres pantallas puestas en semicírculo. Mario identificó muy rápido, para su desencanto, el lugar donde estaba el servidor oculto, en el que seguro estaban fotos y videos que el sujeto comercializaba en la Deep Web.

No perdió tiempo, descargó un golpe en la cabeza del tipo con la llave de tuercas que estaba cargando desde hace horas en su mochila. Lo amarró con paciencia para dejarlo boca arriba desnudo de la parte superior encima de la cama. Le tapó la boca con una bola de sometimiento. Hace años vio una película de Tarantino sobre algo así y la consiguió por Internet. En esos días todo se podía comprar por la web o la web oscura como también llamaban al lugar donde pululaban drogas y videos sobre…

No pudo más. Lloró, mientras descubría el servidor secreto en la pared, oculto tras el poster del anime favorito del sujeto. Lloró mientras revisaba el contenido y se lo guardaba en la mochila. Lloró mientras recordaba todo lo que tuvo que hacer para llegar a ese momento. 

Despertó al cautivo cuando se tranquilizó. 

—Te la voy a hacer corta. Enamoraste a mi hermanita, conseguiste que se escapara para verse y la violaste. Luego la extorsionaste con mostrar el video y lograste que te depositara tres mil soles. Todo eso lo sabes, lo que siguió, no. Esa plata la guardaba mi mamá para una emergencia. Mi abuelo se contagió, pero no decía nada. Un domingo por la noche estaba muy mal y se le iba el aire. Logramos que un delivery nos traiga un balón de oxígeno cargado. Pero, minutos antes que llegara, mi mamá descubrió que no había el dinero. Mi hermanita confesó. No hubo manera de juntar el dinero y el tipo se fue. A las tres de la mañana unos parientes consiguieron transferirnos el dinero. Fue tarde, nunca llegó la ambulancia ni quiso volver el del balón. Era domingo de inamovilidad. Murió mi abuelo. Fuimos a recoger las cenizas mi mamá y yo. Al regresar mi hermanita estaba colgada del techo de la cocina. Mi mamá sufre de depresión profunda y para dopada desde entonces. Yo me dediqué a buscarte, junté dinero al principio vendiendo cosas de la casa, luego, haciendo videos y consiguiendo material como tú. Mi mamá ni cuenta se da. No quiero escucharte ni voy a demorarme en lo que debo hacer. A cambio de tu contacto, me comprometí a filmar cómo te extraía el bazo. Vamos a iniciar un en-vivo. Hay varios apostando al color que tiene el bazo fresco, yo aposté 300 soles a que es C0 M60 Y90 K80, por eso me vez con esta pantonera de matices marrones. Bueno, es momento de averiguarlo.